“¡En tu mano estamos, Jesucristo!”: El grito divino en medio de mortal terremoto en Colombia


 “¡En tu mano estamos, Jesucristo! ¡Dios mío, en tu mano estamos!”. El clamor desesperado de una vecina rompe la densidad del aire en Buenaventura en Colombia . En su voz no solo hay miedo; hay una plegaria colectiva que resuena en toda la cuadra mientras el suelo aún parece temblar bajo los pies.

Apenas unos segundos antes, un fuerte movimiento telúrico sacudió el puerto del Pacífico y el departamento del Valle del Cauca. Pero en esta calle, la emergencia apenas comenzaba.

 Los crujidos secos de una vivienda de varios niveles presagiaban el desastre, las columnas crujían, la estructura cedía centímetro a centímetro y el pánico amenazaba con paralizar a todos.

Sin embargo, en medio del terror emergió la valentía de la comunidad.

“¡En tu mano estamos, Jesucristo!”: El grito divino en medio de mortal terremoto en Colombia

“¡En tu mano estamos, Jesucristo!”: El grito divino en medio de mortal terremoto en Colombia

“¡Venga pa’ acá, venga pa’ acá! ¡Respetemos, muchachos!”, se escucha gritar entre la multitud a quienes, arriesgando su propia integridad, no dudaron en alertar a viva voz y correr para sacar a los residentes del inmueble. Fue una carrera contrarreloj contra la física y el destino.

El crujido final y el milagro de estar vivos

Nadie tuvo tiempo de asimilar la velocidad con la que todo cambió. Pocos segundos después de que el último habitante lograra cruzar el umbral hacia la calle, la estructura cedió por completo. Un estruendo sordo retumbó en el barrio mientras la edificación colapsaba sobre sí misma, envolviendo la escena en una densa nube de polvo gris que cegó por un instante los ojos de los testigos.

Entre el humo y los escombros, las plegarias se transformaron en un llanto de desahogo y consternación: “¡Jesús, Jesús, Jesús!”, repetían los presentes, ahogados por el impacto de ver cómo el esfuerzo de toda una vida se convertía en polvo en cuestión de segundos.

El dolor del día después

La vivienda de la vecina ya no está. Allí donde antes había risas, historias familiares y el cobijo de un hogar, hoy solo queda un montón de ladrillos fracturados e insumos perdidos. La imagen es desgarradora, y la consternación de los damnificados, que lo han perdido todo de la noche a la mañana, es profunda.

Sin embargo, dentro de la inmensa pérdida material, Buenaventura hoy abraza una certeza: la rápida reacción comunitaria evitó una tragedia humana. La solidaridad de los vecinos, que no dudaron en actuar antes de que fuera demasiado tarde, se convirtió en la barrera entre la vida y la muerte.

Hoy, mientras la polvareda se asienta y las autoridades evalúan los daños en la zona, las familias afectadas miran al horizonte con la incertidumbre de reconstruir sus vidas desde cero, pero con la fe intacta de haber conservado lo más valioso: la vida.

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